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Título: LECTURAS DEL JUEVES 10 DE MAYO DE 2018 Publicado por jartivle en 09.05.18 a las 18:20:17 Primera lectura Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (18,1-8): EN aquellos días, Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un tal Áquila, judío natural del Ponto, y a su mujer, Priscila; habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma. Se juntó con ellos y, como ejercía el mismo oficio, se quedó a vivir y trabajar en su casa; eran tejedores de lona para tiendas de campaña. Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos. Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a predicar, dando testimonio ante los judíos de que Jesús es el Mesías, Como ellos se oponían y respondían con blasfemias, Pablo sacudió sus vestidos y les dijo: «Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza. Yo soy inocente y desde ahora me voy con los gentiles». Se marchó de allí y se fue a casa de un cierto Ticio Justo, que adoraba a Dios y cuya casa estaba al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios, al escuchar a Pablo, creían y se bautizaban. Palabra de Dios Salmo Sal 97,1-2ab.2cd-3ab.3cd-4 R/. El Señor revela a las naciones su victoria Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R/. El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R/. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R/. Lectura del santo evangelio según san Juan (16,16-20): EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver». Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?». Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice». Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver”? En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría». Palabra del Señor Gloria a Ti, Señor Jesús |
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Título: Re: LECTURAS DEL JUEVES 10 DE MAYO DE 2018 Publicado por jartivle en 09.05.18 a las 18:21:46 comentario del Evangelio por San Juan Pablo II (1920-2005), papa Audiencia general del 16/12/1998, § 2 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana) “Voy al Padre” El punto de partida de nuestra reflexión son las palabras del evangelio que nos señalan a Jesús como Hijo y Revelador del Padre. Todo en él: su enseñanza, su ministerio, e incluso su estilo de vida, remite al Padre (cf. Jn 5, 19. 36; 8, 28; 14, 10; 17, 6). El Padre es el centro de la vida de Jesús y, a su vez, Jesús es el único camino para llegar al Padre. «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). Jesús es el punto de encuentro de los seres humanos con el Padre, que en él se ha hecho visible: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?» (Jn 14, 9-10). La manifestación más expresiva de esa relación de Jesús con el Padre se da en su condición de resucitado, vértice de su misión y fundamento de vida nueva y eterna para cuantos creen en él. Pero la unión entre el Hijo y el Padre, como la que existe entre el Hijo y los creyentes, pasa por el misterio de la «elevación» de Jesús, según una típica expresión del evangelio de san Juan. Con el término «elevación», el evangelista indica tanto la crucifixión como la glorificación de Cristo. Ambas se reflejan en el creyente: «El Hijo del hombre tiene que ser elevado, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 14-16). Esta «vida eterna» no es más que la participación de los creyentes en la vida misma de Jesús resucitado y consiste en ser insertados en la circulación de amor que une al Padre y al Hijo, que son uno (cf. Jn 10, 30; 17, 21-22). |
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