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Título: LECTURAS DEL DOMINGOO 4 DE FEBRERO DE 2018 Publicado por jartivle en 03.02.18 a las 20:16:53 Primera lectura Lectura del libro de Job (7,1-4.6-7): Habló Job, diciendo: «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.» Palabra de Dios Salmo Sal 146,1-2.3-4.5-6 R/. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. R/. Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. R/. Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. R/. Segunda lectura Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,16-19.22-23): El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Palabra de Dios que sana los corazones destrozados Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39): En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra del Señor Gloria a Ti, Señor Jesús |
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Título: Re: LECTURAS DEL DOMINGOO 4 DE FEBRERO DE 2018 Publicado por jartivle en 03.02.18 a las 20:17:46 comentario del Evangelio por San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia Sermón 1 para el Adviento, 7-8 “Jesús la tomó de la mano y ella se levantó.” (Mt 8,14) ¡Qué gran condescendencia de Dios que nos busca y que dignidad del hombre así buscado!...¿Qué es el hombre para que le hagas caso, para poner tu atención sobre él? (Jb 7,17) Querría saber por qué Dios ha querido venir hasta nosotros y por qué no hemos ido nosotros hacia él, ya que somos nosotros los interesados en el asunto. No es costumbre de los ricos ir hacia los pobres incluso cuando tienen intención de hacerles algún bien. Nos tocaba a nosotros ir hacia Jesús. Pero un doble obstáculo nos lo impedía: nuestros ojos eran ciegos y él habita en una luz inaccesible. Nos encontrábamos postrados paralizados en nuestra camilla, incapacitados de llegar hasta la majestad de Dios. Por esto, Nuestro Buen Salvador y médico de nuestras almas ha bajado de su altura y ha escondido ante nuestros ojos enfermos el esplendor de su gloria. Se revistió como de una linterna, quiero decir, del cuerpo purísimo, sin mancha que asumió. |
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