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Título: LECTURAS DEL VIERNES 15 DE SEPTIEMBRE DE 2017 Publicado por jartivle en 14.09.17 a las 18:14:47 Primera lectura Lectura de la carta a los Hebreos (5,7-9): Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Palabra de Dios Salmo Sal 30,2-3a.3b-4.5-6.15-16.20 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí. R/. Ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R/. Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. R/. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen. R/. Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. R/. Lectura del santo evangelio según san Juan (19,25-27): En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Palabra del Señor Gloria a Ti, Señor Jesús |
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Título: Re: LECTURAS DEL VIERNES 15 DE SEPTIEMBRE DE 2017 Publicado por jartivle en 14.09.17 a las 18:15:52 comentario del Evangelio por Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 4º sermón para la Asunción «Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» Cuando Jesús se puso a recorrer pueblos y ciudades para anunciar la Buena Nueva (Mt 9,35), María le acompañó, inseparablemente unida a sus pasos, pendiente de sus labios desde que abría la boca para enseñar. Hasta tal punto que ni la tempestad de la persecución ni el horror del suplicio no consiguieron que dejara de acompañar a su Hijo, ni la enseñanza de su Maestro. «Junto a la cruz de Jesús, estaba María, su madre». Verdaderamente es madre la que no abandonó a su hijo ni tan sólo en los terrores de la muerte. ¿Cómo podía horrorizarse por la muerte, ella cuyo «amor era fuerte como la muerte» (Ct 8,6) e incluso más fuerte que la muerte? Sí, se mantenía de pie junto a la cruz de Jesús y el dolor de esta cruz le crucificaba su corazón; todas las llagas que veía herían al cuerpo de su Hijo eran otras tantas espadas que le laceraban su alma (Lc 2,35). Es justo pues, que allí fuera proclamada Madre y que un protector bien escogido fuera designado para cuidar de ella, porque es ahí, sobre todo, que se manifiesta el amor perfecto de la madre con respecto al Hijo y la verdadera humanidad que el Hijo había recibido de su madre... Jesús «habiéndola amado, la amó hasta el fin» (Jn 13,1). No tan solo ha sido para ella el fin de su vida sino sus últimas palabras: por así decir, acabando de dictar su testamento, Jesús confió el cuidado de su madre a su más querido heredero... Pedro, por su parte, recibió la Iglesia, y Juan, a María. Esta parte le era concedida a Juan como un signo del amor privilegiado del que fue objeto, pero también a causa de su castidad... Porque convenía que nadie más sino el discípulo amado de su Hijo, prestara este servicio a la madre del Señor... Y por esta disposición providencial, el futuro evangelista pudo conversar familiarmente de todo con aquella que lo sabía todo, ella que, desde el principio, había observado atentamente todo lo referente a su Hijo, y que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). |
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