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Título: HISTORIAS CONMOVEDORAS DEL ROCIO Publicado por rociero_de_madrid en 09.10.09 a las 18:17:47 Desde aqui os quiero invitar a compartir todas esas historias que hacen que El Rocío siga existiendo, nuestro día a día y los milagros que hace todos los días la Virgen del Rocío. Todo comenzó en Diciembre de no muchos años, era una tarde cualquiera de invierno, por estas fechas se aproximaba la navidad, todo debería de ser felicidad, amor y paz para la sociedad en general. Las casas se adornan con guirnaldas y el árbol y los cristianos nos identificamos con el Belén. Pero la familia de la que os voy a hablar no estaba de ninguna celebración. Rocío, la madre de la familia está ingresada en el hospital, hace poco le diagnosticaron leucemia en la sangre, el tumor está muy avanzado y le han dado pocos meses de vida. Antonio, padre y cabeza de familia, es el que peor lo está pasando, ve como día a día su mujer, la que es su compañera desde hace muchos años, su amor verdadero y la madre de sus hijos se va. No quiere ser negativo, no quiere que ni por un momento se le pase por la cabeza que Rocío se fuera para siempre. Antonio y sus tres hijos se unen para sobrellevar este duro golpe que le vida les ha dado. Está tarde operan a su esposa, tiene un bajo porcentaje de que se pueda extirpar el tumor, incluso que pueda salir con vida del quirófano. Esta era la única solución que había, o se operaba y asumía el riesgo o en pocos meses se iría a las marismas del cielo. Antonio, estaba nervioso, intranquilo, su mujer podría morir en esa sala y sería la peor noticia de su vida. Rocío, estaba sedada desde hacía dos días, no podía verla, ni hablar con ella, ni siquiera darla un beso; entonces decidió coger el coche y Salir del hospital, no tenía rumbo fijo pero necesitaba despejarse. Al rato empezó a llover, truenos y relámpagos se apoderaban del cielo de Sevilla. Antonio, hombre de fe, honrado y honesto, miró y agarró con todas sus fuerzas la medalla de la Virgen del Rocío. En ese momento como un rayo de luz invisible, una sensación extraña, le invitó a seguir la carretera en sentido Huelva. Sentía una corazonada de que debía ir a ver a su reina, que debía confesarse ante ella, que necesitaba agarrarse a la reja y llorar, contarle a la mejor de las madres está preocupación que le estaba quitando la vida. Eras como las 8 de la tarde, de un día de Diciembre. Había anochecido y Antonio llegaba a la Aldea del Rocío. La tormenta era cada vez más intensa, la lluvia caía sin cesar sobre ese santuario blanco, ese en el que decenas de veces se había emocionado junto a su mujer, detrás de su simpecao, con su gente, esos momentos inolvidables en La Candelaria con sus hijos cuando eran pequeños, cuando tuvo el placer de poder pasarlos por el manto de la Virgen. Con añoro recordaba los días de la romería pasada, cuando se metió en su costero el Lunes de Pentecostés. Hoy era diferente, llegaba para pedirle ayuda, recordaba cuando de niño siempre que tenía un problema iba a su madre llorando y todo se pasaba. Hoy desagraciadamente no podía acudir a su madre, ahora sus dos madres están en el cielo. Aparcó el coche en la misma puerta de la ermita, y con sigilo y sin paraguas llamo a la puerta del santuario, suponía que ya nadie le escucharía y que tendría que volver a Sevilla sin poder decirle a su madre lo que necesitaba decirle. Cuando ya había desistido y se dirigía de nuevo al coche, la puerta se abrió. El santero abrió y tras contarle lo ocurrido Antonio paso y se postro ante la reja de hierro. Lloró y se emocionó, de pronto llegó el santero y le invitó a poder llevar un trocito del manto de la Virgen a su esposa, fue impresionante lo que aquel hombre sintió, le dio gracias al santero y se fundió en un fuerte abrazo con él. Cuando Salió del santuario ya no llovía era rarísimo pero una luna llena, bella de ver se reflejaba en la marisma. Antonio no podía parar de llorar. Cogió el coche y de dirigió de nuevo a Sevilla. Al llegar el hospital como un milagro, Rocío estaba en planta. La operación había sido un éxito. Todo parecía como un dulce sueño, pero no, su mujer llevaba el trocito de manto de la virgen enganchado con un alfiler en el pijama del hospital. Tras meses después y una larga recuperación, Rocío ya estaba en casa y un día se despertaron y decidieron ir a verla, a darle gracias a la Virgen, era lo primero que quería hacer Antonio cuando su esposa se encontrara bien. Era un Domingo, concretamente del mes de Marzo, la aldea se convertía en la esperada primavera y el matrimonio rociero hasta la médula entro a la ermita de nuevo; la Virgen estaba sonriente como nunca la habían visto, y en sus rostros llorando se abrazaron ya no como un matrimonio sino como verdaderos hijos de Dios. VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO !!! P.D. Es una historia real con algunos cambios escritos por mí. |
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Título: Re: HISTORIAS CONMOVEDORAS DEL ROCIO Publicado por alfaray_rociero en 09.10.09 a las 18:28:01 Un relato fantastico y ese optimismo y esa fe resultan en un dia como hoy tan apropiado... |
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Título: Re: HISTORIAS CONMOVEDORAS DEL ROCIO Publicado por chicadeoro en 10.10.09 a las 03:05:53 Hola David, una conmovedora historia y tal vez en la privacidad de los que la vivieron. Pero este testimonio que nos ofreces se hace de nuevo realidad (primera parte ) con este que estamos viviendo entre todos los foreros y que una vez mas por la intercesion de la Santisima Virgen del Rocio esta familia esta esperanzada en que todo salga bien para seguir dando testimonio de FE,ante el ALTISIMO. Y es que la FE " mueve montañas " . Yo sigo deseando que al igual que ese matrimonio que nos narras fue a dar gracias, pronto, tambien TERE, MOMO Y SUS HIJOS lo puedan hacer señal que ( segunda parte )se ha cumplido lo que en el fondo de nuestro corazon deseamos para ellos. Un besito |
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Título: Re: HISTORIAS CONMOVEDORAS DEL ROCIO Publicado por rociero_de_madrid en 20.10.09 a las 20:39:26 Visto que no os animais a contar historias conmovedoras del Rocío, voy con otra, es más extensa pero igual de bonita que la anterior, aquí va la 1ª parte, espero que os guste. UNA FE QUE NUNCA SE PIERDE Eres mi rosa temprana, de mi espadaña campana y de mi barca su río, eres tu Blanca Paloma, dueña del corazón mío…. Eso decía Manuela noche tras noche, durante muchos años y a miles de kilómetros de distancia, que hubiera sido de aquella humilde mujer, si en su vida no hubiera estado Ella. Todo comenzó en 1960, España era un mar de pobreza para la mayoría de las personas, y en este caso, en la familia que os voy a narrar esta pobreza hizo tomar una decisión muy difícil. En este año acaecía en Almonte una gran sequía que traía mala cosecha, Paco y su familia vivían del campo, de la fresa y del ganado, la sequía no les permitía vivir en las condiciones que merecían, a ellos les importaba poco pasar hambre, pero sus hijos, por nada del mundo. Paco llevaba meses asustado intentando buscar otro trabajo pero todo se paralizó de tal forma que no había nada que hacer con su economía. Tras meses de impotencia por no poder dar a su familia lo que se merecía, encontró un día a un amigo de la infancia que trabajaba en el puerto de Palos, le comentó el caso y él le contestó diciendo que la única ayuda que podía darle era ofrecerle plaza para cinco en un petrolero que salía con destino a Mar de Plata en Argentina, allí decían que la vida iba mucho mejor que en España y que no tendrían problema para vivir como se merece su familia, pero que una vez llegados allí se tendrían que buscar la vida y que no sería fácil aunque seguro que más fácil que en España. Fue difícil la decisión que tuvieron que tomar, pero era necesario y tuvieron que marchar por el bien de su familia, antes decidieron ir los cinco hasta la ermita del Rocío, necesitaban pedirle a su patrona que les protegiera en este duro camino que pronto iban a realizar, Manuela y Rocío, la mayor de los tres hijos, lloraban sin desconsuelo al ver que lo mismo era la última que se postraban ante esa reja de hierro. Tras despedirse de la Reina de las Marismas, partieron de nuevo al pueblo, y se despidieron de toda la familia, fue el momento más duro, aunque procuró no decirlo muy alto para que la gente no hablará más de lo que le incumbe. Era Jueves de mañana, a las 6 salía aquel petrolero con destino a la Argentina que ellos desconocían pero donde iban a rehacer su vida con mejores expectativas de las que se tenía en su España querida. Un sol reluciente se asomaba a lo lejos, en los campos de Huelva, esos en los que trabajó de joven y que quería tanto. Junto al matrimonio viajaban sus tres hijos: Rocío, era la mayor con 14 años, Pedro era el mediano con 8 años y “Manolito”, como le decía su padre, 2 añitos. El viaje fue largo, penoso, vieron grandes tormentas a través de las pequeñas ventanas de la bodega del barco, fueron días de desesperación, pero al fin llegaron, tardaron cerca de mes y medio en arribar a Argentina. Llegaron un día muy especial, era Domingo de Resurrección, día en el que en su pueblo sonaban cohetes de alegría por la elección del hermano mayor de la hermandad, por la resurrección de cristo, y porque en 50 días su pastora almonteña saldría vestida de reina por las calles de la todavía inexistente aldea del Rocío. Pero ya no estaban en el pueblo, ahora estaban muy lejos de allí, mientras los familiares de los marineros argentinos se abalanzaban sobre el barco en busca de abrazos y besos de sus seres queridos, ellos estaban solos en una tierra desconocida con tres hijos al cargo, sin trabajo y sin comida. Gracias al largo viaje, Paco pudo hablar con marineros de la tropa que tenían participación en el puerto de Mar de Plata, José, patrón del barco, ofreció trabajo a Paco en aquel puerto, mientras que su mujer pronto encontró trabajo de limpiadora de portales en el barrio del puerto. Rocío, mientras se ocuparía de sus hermanos pequeños hasta que sus padres llegaran de trabajar. Hasta que se recuperaron y consiguieron una casa para vivir, vivieron en una pequeña habitación del muelle que la fueron adecuando según sus necesidades. Tras meses de trabajo y calamidades, la familia almonteña consiguió dinero para poder alquilar un piso en el barrio del puerto, era la zona ideal, desde la ventana se veía el muelle donde trabajaba Paco, y a dos manzanas estaban los portales que tenía que limpiar a diario Manuela. Años después la casa que estaba alquilada la cambiaron por otra en mejores condiciones en el bloque de al lado, Pedro y Manuel tenían 26 y 20 años respectivamente y gracias a Dios tuvieron oportunidad de estudiar en un colegio de la ciudad, pronto se colocaron en una empresa de coches de 2ª mano y su salario pudo ayudar a la familia que ya iba mucho mejor, Rocío, no pudo estudiar pero trabajaba de camarera en un restaurante italiano del centro de la ciudad. 18 años después de partir a Argentina, las cosas estaban mucho mejor, en España empezaba la transición y por ahí veían una esperanza de poder volver a España con un fin bueno, el volver a Almonte, al pueblo que les vio nacer y por el que Paco y Manuela sentían un cariño especial, sus hijos sin embargo vivían mejor en Argentina, se acostumbraron a esa tierra, sobretodo Manuel, que era más argentino que español, ya que abandonó su Almonte natal cuando solo tenía 2 años. Aparte de este gran sueño, la otra alternativa era poder fundar un restaurante de comida española en Mar de Plata, a pesar del tiempo que pasó, no faltaba en casa un guiso de patatas con chocos en cuaresma, ni un cocido, ni el potaje rociero que hacía la abuela Lola para la romería …. |
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Título: Re: HISTORIAS CONMOVEDORAS DEL ROCIO Publicado por rociero_de_madrid en 21.10.09 a las 17:45:47 Todo salió bien gracias a Dios, en Enero de 1979 se inauguró en la Gran Avenida de Mar de Plata el restaurante “ Caminos del Rocío”, en honor a Ella, a sus raíces, a su pueblo. Se adornó con cuadros antiguos de la virgen, matas de romero que soltaban un aroma inconfundible, sevillanas que sonaban como telón de fondo que hacían que pareciera un trozo de Almonte en Argentina. Todo el mundo se volcó con ellos, y el restaurante fue un éxito. En 1993, la familia decidió viajar a España, tenían la promesa de promesa de ir a ver su familia y como no, a su Virgen del Rocío. Por este tiempo Rocío tenía 47 años, ya tenía su marido y dos hijos, Manuel y Fran. Pedro tenía 41 años y soltero, y Manuel tenía 35 años y un noviazgo con futuro. A principios del mes de Mayo, la familia al completo, cogió un vuelo hasta Madrid, donde estuvieron dos días, después se desplazaron hasta Sevilla en el recién estrenado AVE, donde les recibió toda su familia, y después a Almonte, su pueblo, sus vidas. Durante los dos meses que estuvieron en España, se hospedaron en la casa de la abuela Lola, que permaneció intacta desde 1958, era antigua pero no por eso menos cómoda, en ella cabían los 9 que iban. La casa de la abuela tenía lugar en la Calle Martín Villa, muy cerca de la plaza y de la iglesia, en esos días tenía lugar la novena en honor a la patrona, la Virgen del Rocío, y se oían cohetes y sonidos a tamboril en la lejanía. Esto no era un sueño, esto ya era una realidad. Días antes de la romería, fueron al Rocío, a ver a su reina, como lloraba Manuela y Rocío, recordando con nostalgia la última vez que se agarraron a la reja antes de partir a Argentina, fue impresionante cuando entraron a aquella ermita que hasta entonces no conocían, blanca como la cal con una reina que miraba a sus hijos con una dulzura difícil de explicar, simplemente emocionante. Pero llegó el día que tanto esperaban, era Miércoles de mañana y el pueblo de Almonte salió en camino hasta El Rocío, que maravilla, Manuela no se creía que tras 33 años en tierras extrañas volvería a pisar el Camino de los Llanos, con su simpecao para ver a su virgen. Se cantaba, se bailaba, todo era felicidad después de años de duros trabajos, añoranzas y pobreza, todo valió la pena. Paco, Pedro y Manuel, saltaron la reja en esa ola de fe el lunes de madrugada, cuantas veces soñaron con saltarla y llevar sobre sus hombros a la Virgen del Rocío. Que no se puede explicar, que no, el misterio del Rocío… durante esos días era tal el conjunto de sentimientos que tenían, que no daban abasto, conocieron a familia que hasta entonces eran extraños, primos, tíos… desde ese momento Manuela se prometío que mientras su salud y su economía pudieran no faltaría cada año a la cita con madre. Más tarde se anunció que el Papa Juan Pablo II, visitaría El Rocío, que lujo, que emoción, que maravilla. Lo vivieron como nunca, todo era como un sueño que cada vez se alejaba más. De nuevo partieron a Argentina, querían mucho a su tierra pero en Mar de Plata estaba toda su vida. El restaurante siguió funcionando, cada vez mejor. Y Manuela rezaba todas las noches la salve que desde niña le enseñaron, agarraita a su medalla, con fe y devoción a miles de kilómetros, con su madre por bandera, la mejor de las madres. Rocío, siempre Rocío… VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO !!! VIVA ESA BLANCA PALOMA !!! VIVA EL PASTORCITO DIVINO !!! VIVA LA REINA DE ALMONTE !!! QUE VIVA LA MADRE DE DIOS !!! |
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