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Yo le canto a la Virgen de mis amores alegría de tantas generaciones.
Al misterio de su rostro mezcla de mar y de flores a su serena belleza inspiración de canciones.
A su mirada tranquila siempre mirando pa el suelo, a la gracia de su cuerpo a su sonrisa de cielo.
A su panal de dulzura a su negrísimo pelo que cuando va de pastora le asoma bajo el sombrero.
Le canto a la Madre Eterna y a su carita de cera bonita como ninguna brillante como una estrella.
Es tan sin mancha su alma y tan clara su belleza que hasta el Espíritu Santo se prendó de su pureza y le ofreció a la Señora el mejor de los regalos su nombre: Blanca Paloma.