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Tema: LECTURAS DEL SÁBADO 18 DE MARZO DE 2017 (Leido 113 veces) |
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jartivle
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 Viva la Virgen del Rocío
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LECTURAS DEL SÁBADO 18 DE MARZO DE 2017
« fecha: 17.03.17 a las 20:59:34 » |
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Primera lectura Lectura de la profecía de Miqueas (7,14-15.18-20): Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos. Palabra de Dios Salmo Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R/. No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R/. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R/. El Señor es compasivo y misericordioso Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-3.11-32): En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."» Palabra del Señor Gloria a Ti, Señor Jesús
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Re: LECTURAS DEL SÁBADO 18 DE MARZO DE 2017
« Responder #1 fecha: 17.03.17 a las 21:00:04 » |
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comentario del Evangelio por San Andrés de Creta (660-740), monje y obispo Gran canon de la liturgia ortodoxa para la cuaresma, 1ª oda “¡Aquí muero de hambre! Volveré adonde está de mi padre” ¿Por dónde empezar a llorar las obras de mi vida? ¿Cuáles serán los primeros acentos de este canto de dolor? Concédeme, oh Cristo, por tu misericordia, el perdón de mis pecados… Como un alfarero modelando el barro, tú me has dado, Creador mío, carne y hueso, aliento y vida. Oh Señor que me has creado, mi juez y mi Salvador, llévame de nuevo, hoy, hacia ti. Oh Salvador mío, ante ti confieso mis faltas. Caí bajo los golpes del Enemigo. He aquí las llagas de mis pensamientos homicidas, como unos bandoleros han asesinado mi alma y mi cuerpo (Lc 10, 29s). Sí, he pecado, mi Salvador, pero sé que tú amas al hombre. Tu ternura es nuestro castigo y tu misericordia nos abrasa. Me ves llorar y vienes a mí igual que el Padre acoge al hijo pródigo. Desde mi juventud, oh Salvador mío, he despreciado tus mandamientos. He pasado mi vida entre las pasiones y la inconsciencia. A ti acudo; antes que llegue la muerte, Sálvame… He dilapidado el patrimonio de mi alma en el vacío. No poseo los frutos del fervor, y tengo hambre. Te grito: Padre, lleno de ternura, ven a mí, acógeme en tu misericordia. Aquel que los ladrones asaltaron (Lc 10,30), soy yo en medio de los extravíos de mis pensamientos. Me golpean, me hieren. Pero inclínate sobre mí, Cristo Salvador, y cúrame. El sacerdote me vio y se giró. El levita me vio, desnudo y sufriendo, pero pasó de largo. Pero tú, Jesús nacido de María, te detienes y me socorres… Me lanzo a tus pies, Jesús, he pecado contra tu amor. Quítame esta carga demasiado pesada y en tu misericordia, acógeme. No me juzgues, no desveles mis acciones, no escudriñes ni motivos ni deseos. Sino que, según tu compasión, oh Todopoderoso, cierra tus ojos ante mis faltas y sálvame. Es tiempo de arrepentimiento. Vengo a ti. Alíviame de la pesada carga de mis pecados y, según tu ternura, dame lágrimas de arrepentimiento.
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