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   LECTURAS DEL VIERNES 5 DE JUNIO DE 2015
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   Autor  Tema: LECTURAS DEL VIERNES 5 DE JUNIO DE 2015  (Leido 58 veces)
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LECTURAS DEL VIERNES 5 DE JUNIO DE 2015
« fecha: 05.06.15 a las 08:36:05 »
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PRIMERA LECTURA
 Si antes Dios me castigó, ahora veo a mi hijo  
 Lectura del libro de Tobit 11,5-17  
 
En aquellos días, Ana estaba sentada, oteando el camino por donde tenía que llegar su hijo. Tuvo el presentimiento de que llegaba, y dijo al padre: -«Mira, viene tu hijo con su compañero.»  
 
Rafael dijo a Tobías, antes de llegar a casa: -«Estoy seguro de que tu padre recuperará la vista. Úntale los ojos con la hiel del pez; el remedio hará que las nubes de los ojos se contraigan y se le desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz.»  
 
Ana fue corriendo a arrojarse al cuello de su hijo, diciéndole: -«Te veo, hijo, ya puedo morirme.»  
 
Y se echó a llorar.  
 
Tobit se puso en pie y, tropezando, salió por la puerta del patio. Tobías fue hacia él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, le agarró la mano y le dijo: -«Ánimo, padre.»  
 
Le echó el remedio, se lo aplicó y luego con las dos manos le quitó como una piel de los lagrimales. Tobit se le arrojó al cuello, llorando, mientras decía: -«Te veo, hijo, luz de mis ojos.»  
 
Luego añadió: -«Bendito sea Dios, bendito su gran nombre, benditos todos sus santos ángeles. Que su nombre glorioso nos proteja, porque si antes me castigó, ahora veo a mi hijo Tobías.»  
 
Tobías entró en casa contento y bendiciendo a Dios a voz en cuello. Luego le contó a su padre lo bien que les había salido el viaje: traía el dinero y se había casado con Sara, la hija de Ragüel: -«Está ya cerca, a las puertas de Nínive.»  
 
Tobit salió al encuentro de su nuera, hacia las puertas de Nínive. Iba contento y bendiciendo a Dios, y los ninivitas, al verlo caminar con paso firme y sin ningún lazarillo, se sorprendían. Tobit les confesaba abiertamente que Dios había tenido misericordia y le había devuelto la vista.  
 
Cuando llegó cerca de Sara, mujer de su hijo Tobías, le echó esta bendición:
 
-«¡Bien venida, hija! Bendito sea tu Dios, que te ha traído aquí. Bendito sea tu padre, bendito mi hijo Tobías, y bendita tú, hija. ¡Bien venida a ésta tu casa! Que goces de alegría y bienestar. Entra, hija.»  
 
Todos los judíos de Nínive celebraron aquel día una gran fiesta.
 
 Palabra de Dios.
 
 
 Sal 145, 1-2. 6b-7. 8-9a. 9bc-10  
 R. Alaba, alma mía, al Señor.  
 
Alaba, alma mía, al Señor:  
alabaré al Señor mientras viva,  
tañeré para mi Dios mientras exista. R.  
 
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,  
que hace justicia a los oprimidos,  
que da pan a los hambrientos.  
El Señor liberta a los cautivos. R.  
 
El Señor abre los ojos al ciego,  
el Señor endereza a los que ya se doblan,  
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R.  
 
Sustenta al huérfano y a la viuda  
y trastorna el camino de los malvados.  
El Señor reina eternamente,  
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.  
 
 
 
 
Alaba, alma mía, al Señor

 
 
 
 
 
 
EVANGELIO
¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?  
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 35-37
 
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó:  
 
– «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice:
 
“Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.” Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»  
 
La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.
 
Palabra de Dios
 
Gloria a Ti, Señor Jesús
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Re: LECTURAS DEL VIERNES 5 DE JUNIO DE 2015
« Responder #1 fecha: 05.06.15 a las 08:36:41 »
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comentario del Evangelio por  
 Catecismo de la Iglesia Católica  
§ 446-451  
 
"El mismo David le llama Señor»  
 
    En la traducción griega de los libros del Antiguo Testamento, el nombre inefable con el cual Dios se ha revelado a Moisés, YHWH, es sustituido por el de Kyrios («Señor»). Desde entonces Señor ha sido siempre el nombre habitual para designar la divinidad del Dios de Israel. El Nuevo Testamento utiliza este sentido fuerte del título «Señor», tanto cuando se refiere al Padre, como también –y esta es la novedad- cuando se refiere a Jesús, reconocido así como Dios. Jesús mismo se atribuye, veladamente, este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del salmo 110; pero también de una manera explícita cuando se dirige a los apóstoles. A lo largo de su vida pública, sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y sobre el pecado demuestran su soberanía divina.
 
     Muy a menudo, en los evangelios, algunas personas se dirigen a Jesús llamándole «Señor». Este título hace patente el respeto y la confianza de los que se acercaban a Jesús y esperaban de él ayuda y curación. Bajo la moción del Espíritu Santo, este título expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús. En el encuentro con Jesús resucitado, es adoración: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,2Cool. Es entonces cuando adquiere una connotación de amor y de afecto que será característico de la tradición cristiana: «¡Es el Señor!» (Jn 21,7).
 
     Atribuyendo a Jesús el título divino de Señor, las primeras confesiones de fe de la Iglesia afirman, desde el origen, que el poder, el honor y la gloria debidos a Dios Padre corresponden también a Jesús, ya que él es «de condición divina» (Fl 2,6) y el Padre ha manifestado esta soberanía de Jesús resucitándolo de entre los muertos y elevándolo a su gloria. Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia  significa también el reconocimiento de que el hombre no debe someter su libertad personal, de manera absoluta, a ningún poder de la tierra, sino solamente a Dios Padre y a Jesucristo, el Señor: el César no es «el Señor»... También la oración cristiana está marcada por el título «Señor», ya sea en la invitación a la plegaria «el Señor esté con vosotros», ya sea en la conclusión «por Jesucristo nuestro Señor» y aún en el grito lleno de confianza y esperanza: «¡Amén. Ven Señor Jesús!» (Ap 22,20).  
 
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