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   LECTURAS DEL MIERCOLES 19 DE DICIEMBRE DE 2012
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   Autor  Tema: LECTURAS DEL MIERCOLES 19 DE DICIEMBRE DE 2012  (Leido 165 veces)
Vaquera
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LECTURAS DEL MIERCOLES 19 DE DICIEMBRE DE 2012
« fecha: 19.12.12 a las 08:01:07 »
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Miercoles 19 de Diciembre, 2012
 
Que mi boca, Señor, no deje de alabarte
 
Feria de Adviento: día 19
 
Señor, tú eres mi esperanza
 
Antífona de Entrada
 
El que ha de venir, vendrá sin  tardanza, y ya no tendremos  nada que temer, porque él es  
 
nuestro salvador.  
 
Oración Colecta
 
 Oremos:
 
Dios nuestro, que te  dignaste manifestar al  mundo el esplendor de tu  gloria por medio del parto  de la santísima Virgen María,  concédenos venerar con fe  íntegra y celebrar con sincera  piedad el gran misterio de la  encarnación de tu Hijo, que  vive y reina contigo en la  unidad del Espíritu Santo  y es Dios por los siglos de los siglos.  
 
Amén.
 
 
 
Primera Lectura
 
Lectura del libro de los Jueces  
 
(13, 2-7. 24-25)
 
En aquellos días, había en Sorá  un hombre de la tribu de Dan,  llamado Manoa. Su mujer era  estéril y no había tenido hijos.  A esa mujer se le apareció un ángel del Señor y le dijo:  
 
“Eres  estéril y no has tenido hijos; pero  de hoy en adelante, no bebas  vino, ni bebida fermentada, ni  comas nada impuro, porque  vas a concebir y a dar a luz un  hijo. No dejes que la navaja  toque su cabello, porque el  niño estará consagrado a Dios  desde el seno de su madre y él  comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos”.  
 
La mujer fue a contarle a su  marido: “Un hombre de Dios ha  venido a visitarme.  Su aspecto era como el del  ángel de Dios, terrible en  extremo. Yo no le pregunté  de dónde venía y él no me  manifestó su nombre, pero me dijo:  
 
‘Vas a concebir y a  dar a luz un hijo. De ahora en  adelante, no bebas vino ni  bebida fermentada, no comas  nada impuro, porque el niño  estará consagrado a Dios desde  el seno de su madre hasta su muerte’ ”.
 
La mujer dio a luz un hijo y lo  llamó Sansón. El niño creció y el  Señor lo bendijo y el espíritu del  Señor empezó a manifestarse en él.  
 
Palabra de Dios.  
 
Te alabamos, Señor.
 
 
 
Salmo Responsorial Salmo 70  
 
Que mi boca, Señor,  
 
no deje de alabarte.  
 
Señor, sé para mí un refugio,  ciudad fortificada en que me  salves. Y pues eres mi auxilio y  mi defensa, líbrame, Señor, de los malvados.  
 
Que mi boca, Señor,  
 
no deje de alabarte.  
 
Señor, tú eres mi esperanza;  desde mi juventud en ti confío.  Desde que estaba en el seno de  mi madre, yo me apoyaba en ti y tú me sostenías.  
 
Que mi boca, Señor,  
 
no deje de alabarte.  
 
Tus hazañas, Señor, alabaré,  diré a todos que sólo tú eres  justo. Me enseñaste a alabarte  desde niño y seguir alabándote es mi orgullo.  
 
Que mi boca, Señor,  
 
no deje de alabarte.  
 
 
 
Aclamación antes del Evangelio
 
 Aleluya, aleluya.  
 
Retoño de Jesé, que  brotaste como señal para  los pueblos, ven a librarnos  
 
y no te tardes.  
 
Aleluya.  
 
 
 
Evangelio
 
† Lectura del santo Evangelio  
 
según san Lucas (1, 5-25)
 
Gloria a ti, Señor.
 
Hubo en tiempo de Herodes,  rey de Judea, un sacerdote  llamado Zacarías, del grupo  de Abías, casado con una  descendiente de Aarón,  llamada Isabel. Ambos eran  justos a los ojos de Dios,  pues vivían irreprochablemente,  cumpliendo los mandamientos y  
 
disposiciones del Señor.  
 
Pero no tenían hijos, porque  Isabel era estéril y los dos, de  avanzada edad.   Un día en que le correspondía  a su grupo desempeñar ante  Dios los oficios sacerdotales,  le tocó a Zacarías, según la  costumbre de los sacerdotes,  entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso,  
 
mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración,  a la hora de la incensación.   Se le apareció entonces un  ángel del Señor, de pie, a la  derecha del altar del incienso.  Al verlo, Zacarías se sobresaltó  y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo:  
 
“No temas, Zacarías, porque  tu súplica ha sido escuchada.  Isabel, tu mujer, te dará un  hijo, a quien le pondrás el  nombre de Juan. Tú te llenarás  de alegría y regocijo, y otros  muchos se alegrarán también  de su nacimiento, pues él será  grande a los ojos del Señor; no  beberá vino ni licor y estará lleno  del Espíritu Santo, ya desde el  seno de su madre. Convertirá  a muchos israelitas al Señor;  irá delante del Señor con el  espíritu y el poder de Elías, para  convertir los corazones de los  padres hacia sus hijos, dar a los  rebeldes la cordura de los justos  y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”.  
 
Pero Zacarías replicó:  
 
“¿Cómo  podré estar seguro de esto?  Porque yo ya soy viejo y mi  mujer también es de edad avanzada”.  
 
El ángel le contestó:  
 
“Yo soy Gabriel, el que asiste  delante de Dios. He sido enviado  para hablar contigo y darte  esta buena noticia. Ahora tú  quedarás mudo y no podrás  hablar hasta el día en que todo  esto suceda, por no haber  creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”.  
 
Mientras tanto, el pueblo  estaba aguardando a Zacarías  y se extrañaba de que tardara  tanto en el santuario. Al salir  no pudo hablar y en esto  conocieron que había tenido  una visión en el santuario.  Entonces trató de hacerse  entender por señas y permaneció mudo.  
 
Al terminar los días de su  ministerio, volvió a su casa.  Poco después concibió Isabel,  su mujer, y durante cinco  meses no se dejó ver, pues decía:  
 
“Esto es obra del Señor.  Por fin se dignó quitar el  oprobio que pesaba sobre mí”.  
 
Palabra del Señor.  
 
Gloria a ti, Señor Jesús.
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