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Tema: LA VIRGEN DEL ROCIO (Leido 5799 veces) |
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Alejandro Aragon
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Este lo que quiere es buscar las cosquillas, como siempre. Pero bueno, ya pondrá Javi todos los datos. Creo que la Virgen se cambió con el barroco, para verstirla como se vestía a la vírgenes de esa época, pero la talla es la misma, es la que puso allí Alfonso X El Sabio. Nadie se la encontró en ningún lao. En qué te has basao pa decir que las vírgenes anteriores al siglo XV tienen los ojos abiertos? Y las posteriores no? No hay dos tallas de la Virgen, es solo una y es la que vemos en la ermita del Rocío.
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argaijo
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Viva la Virgen del Rocío
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Re: LA VIRGEN DEL ROCIO
« Responder #8 fecha: 06.08.08 a las 09:55:33 » |
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Como diría mi hermano, almonteño y rociano, Antonio... “La ignorancia es atrevida”. Vamos a ver, “miarma”, si tienes tiempo y paciencia para leerte esto y te vas olvidando ya del put_ tronco de la encina o de la higuera o del acebuche o de lo que fuera o fuese. ¡Qué calentón, “miarma”, qué calentón!. AHÍ LO LLEVAS “JOMÍO”..... POR SI QUIERES APRENDER. La imagen de culto de Nuestra Señora del Rocío, patrona de Almonte, alcanzó la imagen visual por la que hoy es conocida universalmente, en sucesivas transformaciones experimentadas entre los siglos XVI al XVIII, que quedaron fijadas en grabados y litografías de los siglos XVIII y XIX. Por imperativos de la moda o por inspiración de mentes muy formadas teológicamente, se introdujeron unos cambios trascendentales, que afectaron tanto a la forma externa de la imagen como a la adjetivación específica de la devoción. Desde su iconografía primitiva como Virgen Hodegetria, escultura de talla completa, con el Niño en el brazo izquierdo, pasó a la configuración de imagen de vestir, como Virgen Majestad, con el Niño entronizado en su pecho. La titulación toponímica (de las Rocinas) quedó transformada en un título pneumatológico (del Rocío). La fiesta, que se celebraba el 12 de septiembre, se trasladó al lunes de Pentecostés. Todos esos cambios se producen en apenas 150 años, de 1600 a 1750, aproximadamente. En el siglo XIX, las nuevas formas de vestir las imágenes y de adornarlas con ráfagas de rayos modifican el aspecto de la mayoría de ellas, mientras que la Virgen del Rocío retorna a la configuración visual que quedó determinada en el siglo XVIII, teniendo como signos distintivos la ráfaga de puntas y el rostrillo de plata repujada (...) Hasta finales del siglo XVI, y desde hacía tres siglos, los almonteños y demás devotos veneraban en la ermita de las Rocinas a la Virgen María, en una imagen de talla escultórica completa, representada de pie, portando el Niño en su brazo izquierdo, y ostentando en la mano derecha un atributo, que podría ser una flor de lis, o algún otro símbolo. Bajo los actuales vestidos, se conserva en buen estado aquella primitiva escultura de la Stma. Virgen del Rocío, de poco más de un metro de alto, al decir de José Alonso Morgado. Una cinta que se vendía en el Santuario atestiguaba la medida de 0,85 ms. de alto, en la que posiblemente no se incluyera la altura de la cabeza. Las descripciones de José Alonso Morgado, en 1882, y de Santiago Martínez, en 1949, coinciden en atribuirle las características formales y estilísticas de las obras góticas. Alonso Morgado la sitúa en los inicios del s. XV: «tiene completamente borrado su rostro, pende de sus hombros un sencillo manto pintado de azul, y el vestido está de verde, sugetándolo a la cintura una correa salpicada de estrellas de color de oro, dejándose ver entre los pliegues de la túnica por su parte baja, el calzado grana de forma puntiaguda. En el sitio del pecho al lado izquierdo, está perfectamente señalado el lugar que ocupó el Niño». Santiago Martínez, por su parte, informa que «la escultura es de período gótico perfecto, buena como obra artística, bien conservada de la cintura para abajo, no así el resto, que se encuentra mutilado desgraciadamente por arreglos, tal vez muy remotos, con objeto de darle ciertas formas, para adaptarle las ropas, ráfagas y el Niño [...]. La Virgen está de pie, los plegados y forma del cuerpo están muy bien resueltos en su dibujo y modelado, asomándole entre los pliegues unos chapines pintados de rojo. La decoración que se conserva no está mal en sus sencillos dibujos de dicho estilo gótico [...]. La cara tan bella y atrayente de la Celestial Señora, parte principal de toda la imagen, que enmarca el rostrillo cuando está vestida con el traje llamado de Reina, también tiene antigua restauración, conservándose por fortuna todos los rasgos de expresión y modelado de escultura, sin que parezca haber sufrido importantes transformaciones. La encarnación, aunque retocada con seguridad hace muchos años, conserva también lo esencial de la obra antigua [...]». Testimonios orales aseguran, tras una reciente restauración, que la primitiva escultura ofrece un notable parecido con la Virgen de la Hiniesta, patrona de Sevilla, cuya réplica se conserva en la iglesia hispalense de San Julián, a la que hemos de acudir como punto de referencia. Se trata, pues, de una imagen de pie, según el modelo iconográfico de la Hodegetria, o Virgen Conductora, portando el Niño Jesús en su brazo izquierdo. Apenas se insinúa la postura que en la estatuaria francesa se denomina hanchement, es decir, el desplazamiento de la cadera para contrarrestar el peso del Niño; postura del cuerpo que en fechas más avanzadas del gótico internacional -mediados del siglo XIV- será más pronunciada, como en la Virgen de los Milagros de La Rábida. Al parecer, viste una túnica verde azulada, que modela el volumen de la pierna derecha adelantada, en contrapposto. Luce sobre la túnica un manto azul, orlado por fimbria dorada, que, desde sus hombros, cubre horizontalmente el torso en livianos pliegues. Por ambos lados, el manto pende verticalmente, dejando ver las vueltas rojas. Siguiendo el curso de los pliegues, desciende una estrecha correa, salpicada de estrellas de oro. Bajo la rozagante túnica, asoman unos chapines de color grana y forma puntiaguda. En cuanto a la cronología, hemos de apartarnos del punto de referencia, pues, mientras que los relatos de la aparición de la Virgen de la Hiniesta la sitúan en 1380, en cambio, para la imagen venerada en la ermita de las Rocinas tenemos una primera fecha documentada en 1335. Atendiendo a las características formales, comunes a la estatuaria francesa, puede datarse la imagen de la Virgen de las Rocinas entre los años finales del siglo XIII -para no descartar la hipótesis de Infante Galán- y el año 1335.(...) Por los volubles imperativos de los gustos estéticos, la imagen experimentó una radical transformación hacia fines del s. XVI o principios del XVII, para ser vestida de ricas telas, según la moda de la corte de los Austrias. La costumbre de vestir imágenes la vemos ya en la Virgen de los Reyes, en el siglo XIII. No se opone la jerarquía de la Iglesia a esa costumbre: sólo exige que «no se adornen con camas ni vestidos que hayan servido a usos profanos, ni tampoco se adornen con los dichos vestidos Imágenes algunas», sino que «se aderecen con sus propias vestiduras, hechas decentemente para aquel efecto». La indumentaria se compone de una basquiña o falda acampanada, con el verdugado o armazón cónico de aros, jubón o corpiño para cubrir el busto, con gorguera de encajes y ajustadas mangas con puños o vuelillos también de encajes, y enriquecidas con franjas horizontales de pasamanería. Sobre las mangas del jubón lucía otras, amplísimas, denominadas de punta o perdidas, que a partir del último tercio del XIX se convierten en mantolín. La cabeza se cubre con el propio manto, a modo de velo de vírgenes, y se enmarca el óvalo facial con el rostrillo, derivación de la toca de papos, adornada con puntas o encajes. Para poder ser vestida, la primitiva talla sufrió una drástica intervención, consistente en la eliminación de brazos y manos y cambio de la infantil figura. La figura fue suplementada hasta alcanzar la altura de 1,56 m. Es posible que, a partir de entonces, los ojos de la Virgen adoptaran su dulce y seductora mirada baja, en lugar de la vista frontal propia de la imaginería gótica. El rostro, no obstante, conserva en sus facciones los rasgos característicos de las obras góticas: perfil agudo, con nariz recta, y sonrisa arcaica, que en arte griego se denomina eginética. La imagen, vestida de Reina, como popularmente se dice, ha modificado su iconografía primitiva. De Virgen Conductora pasa a Virgen Majestad, que, en hierática frontalidad y en eje vertical, sostiene y ofrece al Niño con ambas manos delante de sí, patentizando la centralidad del misterio de Jesucristo. Como imagen de culto, rebosa contenido doctrinal: se muestra como Virgen, por la belleza sin tacha de su rostro. Como Madre, porta en sus manos a Jesús, el fruto bendito de su vientre. Y puesto que el Niño ostenta el cetro y el orbe, atributos de la divinidad que aluden a la creación, el gobierno y la redención del mundo, María se presenta como Madre de Dios. Es Inmaculada y Asunta al cielo, por el vestido de sol, la media luna bajo sus pies, y la aureola de doce estrellas, según la visión de Apoc. 12, 1. Aparece, en fin, como Reina y Señora, por la corona y el cetro de la omnipotencia suplicante. Este radical cambio vino a coincidir con un momento de auge en el culto de la ermita. Hasta entonces se celebraba la eucaristía sin regularidad. Si bien la atención a la ermita mejoró a partir de 1574, con la llegada de los frailes mínimos de San Francisco de Paula al convento de la Victoria, el culto quedó asegurado con la fundación de la capellanía de Baltasar Tercero, en 1587, con cuya dotación podía vivir un clérigo que sirviese la capellanía y celebrase misa los días de fiesta.(...) La configuración visual quedó definitivamente fijada en el segundo tercio del siglo XVIII, gracias a la ráfaga de puntas de plata de martillo, la media luna y el rostrillo de plata, donados por el canónigo hispalense José Carlos Tello de Eslava y su hermana Isabel Damiana, según se dice en el Libro de Reglas de la Hermandad de Almonte. La ráfaga, o puntas de plata de martillo, compuesta por ocho grandes semicírculos de plata repujada, imitan los encajes de hilo de plata. El Diccionario de Autoridades, de 1737, define uno de los sentidos de la palabra punta: «Se llama asimissmo una especie de encaxes de hilo, seda ú otra materia, que por el un lado van formando unas porciones de círculo». Situada en el borde del manto, confiere a la imagen el perfil que la identifica sobradamente.(...) A través de las estampaciones realizadas en los siglos XVIII y XIX, hemos comprobado la consolidación de una imagen visual, basada en la ráfaga de puntas, el rostrillo y el perfil cónico producido por la saya. En el siglo XVIII, el aspecto de la imagen de culto apenas se diferenciaba de las imágenes marianas de España, y no sólo las de Andalucía. A pesar de aseverar que se trata de un «verdadero retrato», no preocupaba tanto el parecido fisonómico cuanto la imagen global, integrada por el conjunto de vestido, signos y accesorios. Las reiteradas versiones mantienen con escrupulosa fidelidad la vestimenta regia, los atributos iconográficos y el texto de las indulgencias, salvo un error en la cifra de días, que es repetido por un solo copista. Sin embargo, mientras las demás imágenes marianas adoptarían definitivamente la innovación introducida en el siglo XIX, de la ráfaga de rayos y la aureola de la corona, de reflejos planos biselados en sus extremos, la imagen de la Virgen del Rocío, que también contó -y cuenta- con este tipo de ráfaga, volvió a las formas dieciochescas, tal vez por la riqueza de la ráfaga de puntas de plata de martillo y por la memoria de sus donantes, los hermanos Tello de Eslava. Así quedó configurada la imagen visual de la Patrona de Almonte, que permite que la silueta de la ráfaga -o un simple fragmento de ella, como el utilizado en el logotipo del Centro de Estudios Rocieros-, identifique de inmediato la figura de la Reina de las Marismas y evoque el universo de piedad, de fe y de emociones que la rodea. (Extraído de la publicación “La iconografía de la Virgen del Rocío y su proceso de fijación, cuyo autor es D. Manuel Jesús Carrasco Terriza)
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argaijo
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Re: LA VIRGEN DEL ROCIO
« Responder #9 fecha: 06.08.08 a las 09:58:45 » |
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Por si no te suena... D. Manuel Jesús Carrasco Terriza es: Presbítero, Secretario Canciller del Obispado de Huelva, Archivero Diocesano. Canónigo Conservador del Patrimonio Cultural de la S. I. Catedral de Huelva. Director del Secretariado Diocesano de Patrimonio Cultural, Vicario parroquial de Ntra. Sra. del Carmen, Huelva. Doctor en Historia del Arte Licenciado en Teología (Sección Historia de la Iglesia) Académico de Número de la Academia de Ciencias, Artes y Letras de Huelva Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla Profesor de Historia de la Iglesia, Patrología, Arte y Patrimonio en el Seminario Mayor de Huelva Colaborador de Investigación, Universidad de Huelva Miembro del Grupo de Investigación del Patrimonio Artístico Andaluz, Universidad de Sevilla. Ea, que te aproveche. Un abrazo.
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Alejandro Aragon
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Ole, ole argaijo. Buen trabajo y muchas gracias por poner esta información. Q me gustaría ver a la Virgen vestida de su forma primitiva jejeje. Un saludo.
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Rociero_de_guardia
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impertinente.Re: LA VIRGEN DEL ROCIO
« Responder #18 fecha: 06.08.08 a las 14:49:51 » |
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"Para poder ser vestida, la primitiva talla sufrió una drástica intervención, consistente en la eliminación de brazos y manos y cambio de la infantil figura" Valenciano, eres bastante impertinente; haz el favor por lo menos de leer y después pensar. Javi nos ha aportado un documento bastante certero y documentado, aunque he leido algo por ahí que podía incluso aportar más datos comparativos de imágenes. Como se puede deducir, si la Virgen antes tenía el Niño en la mano izquierda y pegado al cuerpo, y ahora lo tiene sujetándolo entre las dos en el centro; aquí ha pasado algo: o le han cortado las manos para colocarla en el nuevo lugar, o se han mantenido y la Virgen tiene cuatro manos. Ante semejante duda, volvemos a leer el documento de Javi y efectivamente resulta que se eliminaron manos y brazos, entre otras modificaciones que dan como resultado una imagen totalmente distinta y que sólo conserva a la vista de la antigua la maravillosa cara de la Virgen del Rocío. Ole. Diccionario de la R.A.E. Impertinente. (Del lat. impertĭnens, -entis). 1. adj. Que no viene al caso, o que molesta de palabra o de obra. Apl. a pers., u. t. c. s. 2. adj. p. us. Excesivamente susceptible, que muestra desagrado por todo, y pide o hace cosas que están fuera de propósito. U. t. c. s.
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Rociero_de_guardia
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Re: LA VIRGEN DEL ROCIO
« Responder #19 fecha: 06.08.08 a las 19:49:03 » |
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Eso no son más que eufemismos de la misma situación. El Sr. Carrasco Terriza en su documentado artículo dice "eliminación", no am****ción (término que en absoluto se utiliza en arte, sino en traumatología). Lo podéis llamar como queráis, pero seguirá siendo lo mismo. La Virgen del Rocío, como la inmensa mayoría de las de su época, llegó un momento en que sufrió una importante modificación por motivos puramente estéticos, para adaptarse a los gustos del momento. Lo de las cuatro manos era para hacerle ver al valenciano lo impropio de su comentario. Si él dice que a la Virgen no le eliminaron las manos y las actuales son otras evidentemente es que tiene cuatro; lo cual es una soberana estupidez, ¿no? Pues nada, tampoco le parece correcto. Del diccionario de la RAE: restaurar (Del lat. restaurāre). 1. tr. Recuperar o recobrar. 2. tr. Reparar, renovar o volver a poner algo en el estado o estimación que antes tenía. 3. tr. Reparar una pintura, escultura, edificio, etc., del deterioro que ha sufrido. ¿Cambiar totalmente la fisonomía de una escultura, eliminando brazos, dando mayor altura y cubriendo ropas talladas es una restauración? Javi, hijo, ser almonteño no te da patente de corso para que tooooodo lo que tú digas sea así sólo porque tú lo dices. Por último, lo de la vergüenza te lo guardas que no viene a cuento. Sigamos...
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