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Tema: una casa en el rocio (Leido 237 veces) |
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victoria
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 Viva la Virgen del Rocío
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una casa en el rocio
« fecha: 22.08.06 a las 09:31:55 » |
Cita Editar
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Gracias Madre Por dejarnos construir Era tiempo de calor, un calor que a veces resultaba incluso asfixiante, en la cuadrilla hubo quien incluso había pedido un descansito, el calor no le dejaba trabajar. En esas horas centrales del día cuando el sol está alto y casi no corre el aire, la obra parecía parada. Pero como esos espejismos que se producen en el horizonte africano, sólo se trataba de una figuración. En esos momentos estivales cuando el viento se revuelve, cuando la luz cambia de repente y grandes nubarrones cubren el cielo, la cuadrilla no paraba de trabajar. No había cerrado la capilla, todos los días, como siempre, se seguían elevando al cielo plegarias y loas. Aunque los días eran largos y se prestaban a la pereza, la cuadrilla no dejaba de trabajar, diría yo que se aprovechó ese tiempo para los trabajos de cuidado, para los que requieren más virtuosidad, para los más minuciosos. Filigranas de oración y plegarias adornan el zócalo de la capilla, mientras que unas grandes ánforas llenitas de flores adornan su altar. Cerró el cielo, nubes negras lo cubrieron, alguien, no importa quien, intentó que una gran tormenta estropeara la cosecha, alguien que no conocía a la cuadrilla que aquí trabaja. De repente, al caer la tarde, la luz desapareció, las nubes cubrieron el sol, y comenzaron a caer grandes gotas que golpeaban insistentemente la labor recientemente realizada. Pero fuertes cimientos se habían realizado, nada cimbreó, y la cuadrilla, como nunca, como siempre, despertó del letargo. Los que estaban de guardia dieron la alarma, y como si de una piña se tratara, la máquina comenzó a funcionar. Al poco, gracias al esfuerzo de todos, los oficiales de la cuadrilla realizaron si labor más primorosa, cubrieron la huerta, impermeabilizaron la cubierta, barnizaron la puerta de la capilla, y en poco tiempo consiguieron que el sol volviera a salir, tal vez porque ellos conocían donde estaba la luz de la esperanza. Mientras, los que habían hecho la guardia descansaban contentos de una labor cumplida, bien hecha, permitiendo que los que habían cogido vacaciones sonrieran mirando desde el horizonte cómo se trabaja en equipo. Todo se iluminó, al quitar los plásticos del jardín, pudimos descubrir flores nuevas, con las que se adornó el altar, y la mesa para sentarnos a comer todos juntos. Gracias Madre Gracias amigos
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