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La carreta que encierra sus ejes en el arenal y la mula que ha caído enredada en su propio atalaje, son ocasión para probar el esfuerzo y buen humor, como lo es la noche para demostrar ingenio y aguante en las eternas bromas de tiznar la cara al que tiene el sueño pesado y esconder las ropas al que se acostó sin la malicia de dejarlas aseguradas. El Rocío ha conocido muchas bromas; pero ninguna "bronca". Si alguna vez afloran a la superficie, se grita "Viva la Blanca Paloma y se bebe un buche de fino. El cielo y la tierra firman el armisticio. JOSE MARÍA PEMÁN.