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¡¡Viva la Virgen del Rocío!!
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Meditación para la VII Peregrinación (Por Petrus)
« fecha: 17.10.08 a las 20:40:05 » |
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Querido Webmaster, Te envío la meditación (archivo adjunto) que se propondrá mañana para el camino de la peregrinación, tras la misa. Pensamos que sea una "ayuda" para aquellos que busquen momentos de silencio y reflexión. Va incluído en la guía de mano que ha confeccionado Gloria Mi petición es que, si puedes, la subas al foro esta noche para que asi también pueda servir a aquellos que no pueden venir a la peregrinación. Todos, los que caminan y los que se tienen que quedar, tendríamos la misma ayuda para la meditación. Gracias por tu colaboración Pedro (Petrus) María nos enseña a ser peregrinos Peregrinar es avanzar a través de un camino, hacia una meta. Nuestra vida en este mundo es sólo un paso hacia la eternidad. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “caminamos como peregrinos hacia la Jerusalén Celestial” (CEC 119 y señala que “las peregrinaciones evocan nuestro caminar por la tierra hacia el cielo” (CEC 2691) • Para vivir así, en marcha hacia la unión definitiva con Dios, conviene que recordemos tres aspectos. Puede ayudarnos a ilustrarlo mejor la imagen de las peregrinaciones a santuarios, arraigada tradición en la Iglesia.Tenemos una meta definitiva: Nadie comienza una peregrinación sin saber a qué lugar se dirige. Vamos a la Ermita de Ntra. Sra. del Rocío... Y a lo largo del camino permanece viva la ilusión de llegar a los pies del altar, entre el cante y la oración, para presentarnos ante nuestra Madre Santísima. Del mismo modo, en nuestra vida terrena tenemos una meta: el cielo, la unión definitiva con el Señor, el abrazo eterno. Lo sabemos, lo creemos, pero en ocasiones lo olvidamos. Nos volvemos personas de miras cortas, nos preocupamos sólo por nuestra felicidad en este mundo. • Es preciso caminar: las auténticas peregrinaciones tienen siempre cierto sentido de reparación y penitencia. Exigen esfuerzo, horas bajo el sol, cansancio, sed... pero todo se sobrelleva con gusto. También en nuestro recorrido hacia el cielo se puede presentar la tentación del cansancio, pero tenemos con nosotros la fuerza de Dios que se nos da sobre todo en la comunión eucarística, “pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte” (CEC 1392). • Seguir el camino: conocer la dirección que debemos seguir para llegar a la feliz culminación de nuestro peregrinar. Tenemos el mejor mapa, la más segura guía: la fe. No hace falta buscar atajos, porque Dios mismo nos señala el sendero que debemos seguir. No nos promete una vía ancha y espaciosa, llena de comodidades, pero sí nos asegura que llegaremos al punto deseado. Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39ss: En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá." Los versículos de San Lucas que acabamos de leer nos presenta a María como peregrina de amor. Pero Isabel atrae la atención hacia su fe y, refiriéndose a ella, pronuncia la primera bienaventuranza de los evangelios: "Dichosa tú, que has creído". Este símbolo de la peregrinación en la fe ilumina la historia interior de María, la creyente por excelencia, como ya sugirió el concilio Vaticano II: "la bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz" (LG 5 . María nos enseña a recorrer esta “peregrinación en la fe”, este camino hacia Dios. Ella es la creyente por excelencia, la que supo fiarse de Dios, creer en su palabra. “La Anunciación es el punto de partida de donde inicia todo el camino de María hacia Dios” (RMa 14). Un camino de fe que pasa por tortuosos senderos: el presagio de Simeón, “una espada te atravesará el alma” (Lc 2, 35); el exilio en Egipto y la oscuridad interior; la actitud de Jesús que se pierde en el templo a los 12 años y María no logra entender... Hasta la cruz, que será la cima de su peregrinación terrena en la fe. Y María “guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2, 51). En lo secreto de su alma, daba a todos los sucesos y circunstancias de su vida la dimensión de la fe. En ese silencio y recogimiento interior María hallaba su fuerza y su luz, su descanso. Quien emprende como María el camino de la fe, avanza con paso firme y seguro a la claridad de la luz eterna. “Que María siga guiándonos hacia Cristo y hacia el Padre, también en la noche tenebrosa del mal y en los momentos de duda, crisis, silencio y sufrimiento” (Juan Pablo II, 21 de marzo de 2001). Preguntas para el camino: Contempla la escena recogida en el texto. Observa las actitudes de ambas mujeres, ¿cómo se expresan? ¿Qué experiencia vital están experimentando? ¿Por qué habrá ido María a visitar a Isabel? Medita los efectos inusuales que se produjeron en esta visita ¿Qué nos enseña este incidente? Isabel se sintió indigna de ser visitada por María ¿Por qué? ¿Qué enseñanza rescatamos de aquí? ¿Qué importancia da Isabel a la fe de María?
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