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Tema: Semana Santa en Sevilla II (Leido 332 veces) |
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Lola-a
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Viva la Virgen del Rocío
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Semana Santa en Sevilla II
« fecha: 13.03.08 a las 14:10:22 » |
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Madrugá Por historia, por tradición, por la belleza de las imágenes que participan, por la devoción que despiertan, por la mística especial de una noche de vigilia en la calle, la Madrugada es el núcleo central de la Semana Santa. Es muy difícil destacar algún elemento de la Madrugá, porque todas las Hermandades tienen algo destacable en todos los puntos de sus recorridos. Podemos empezar la noche en la Puerta Osario, en la salida de la Hermandad de los Gitanos, donde la intensa expresividad de toda una raza se desborda alrededor del Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias. Después iremos tranquilamente hacia la Plaza del Salvador o la Calle Cuna, a sentir el escalofrío viejo de la Hermandad del Silencio. Impresiona la seriedad del cortejo que acompaña a Jesús Nazareno y a la Virgen de la Concepción. Sus nazarenos marchan sin hablar, con la vista al frente, sin volver la cabeza, casi como soldados en un desfile. En ese cortejo hay detalles de gran interés, como la espada que lleva un nazareno, en recuerdo del juramento que en el siglo XVII hizo la Hermandad de defender con su sangre el dogma de la Inmaculada. Y, de un escalofrío a otro, tras ver el Silencio podemos ir a la Plaza del Museo, a esperar al “Señor de Sevilla”, Jesús del Gran Poder. La figura de ese Nazareno de elevada estatura con la Cruz al Hombro, la zancada abierta y la tez oscura transmite una sobrecogedora sensación de fuerza, difícil de definir con palabras. Después, si nos damos prisa, podemos llegar a tiempo de ver como las primeras luces del amanecer encuentran por la calle Castelar o la Plaza de Molviedro al Cristo del Calvario, austero y sencillo sobre su pasos de caoba y plata. Ahora tenemos por delante toda la mañana para dedicarla a las dos formas que tiene Sevilla de vibrar de emoción incontenible: Triana y la Macarena. Podemos, por ejemplo, buscar a la Esperanza de Triana atravesando el puente que la lleva de vuelta a su barrio, entre nazarenos vestidos de terciopelo verde, y después dar un largo paseo hasta las calles Relator, Parras o Escoberos, donde encontrarnos con el Señor de la Sentencia, escoltado por una centuria de soldados romanos con relucientes corazas y altos penachos blancos (los populares “armaos”) y tras él, el palio barroco y exuberante de la Esperanza Macarena. Viernes Santo Es un día de calma y sosiego. En parte porque Sevilla está cansada tras la Madrugá, y en parte por el luto del día, que se pone de manifiesto en las banderas a media asta en los edificios públicos, en las mantillas de las mujeres y en las corbatas negras de los hombres. Las Hermandades son todas centenarias, y a lo largo del tiempo han acumulado detalles de gran interés y belleza. El Viernes Santo es el día grande de la trianera calle Castilla. Hacen su salida sus dos Cofradías: el Cachorro y la O. El Cachorro es un crucificado representado en el momento justo de expirar, y, según la leyenda, debe su nombre a un gitano moribundo, en cuya agonía se inspiró el escultor Ruiz Gijón para esculpirlo. Una de las imágenes más emotivas y populares de la Semana Santa es la del Cachorro atravesando el puente de Triana.Tras el Cachorro, la O, que, desde su capilla atraviesa el corazón de Triana camino al centro de Sevilla. Después de empaparnos de sentir trianero, podemos ir a la Plaza de la Magdalena, a esperar la salida de la Hermandad de Monserrat. Si es posible, conviene que nos situemos cerca para ver Montserrat, ya que, además de sus soberbios pasos, hay otros hermosos detalles en su cortejo, como las dos jóvenes mujeres que van junto a sus nazarenos; una simbolizando a la Fe, con una copa en una mano, una cruz en la otra y los ojos cubiertos por una gasa; y la otra representando a la Verónica, vestida de hebrea y con un sudario con la Cara del Señor en las manos. Ambas mujeres son uno de los últimos restos de los personajes bíblicos y alegóricos que en el pasado formaban parte de las cofradías.De vuelta a su templo, ya de noche, la Hermandad de la Carretería se interna por las estrechas callejuelas del Arenal: Rodo, Toneleros, Real de la Carretería, que apagan todas las luces. Resulta emocionante el imponente Misterio del Señor de la Salud transitando por los íntimos recovecos de su barrio, alumbrado sólo por la débil luz de los cirios. Sin alejarnos del Arenal, si nos damos prisa podemos encontrar a la Soledad de San Buenaventura, sobre su paso de madera y plata, por la calle Castelar o la plaza de Molviedro. Poco después, cerca de la medianoche, en medio de un emotivo silencio, subirán la Cuesta del Rosario el Cristo de las Tres Caídas, y la Virgen de Loreto, los varales de cuyo palio, en vez de ser plateados como habitualmente, son de color dorado. Ya metidos en la Madrugá, entre los naranjos de la calle Doña María Coronel, avanzará la Cofradía de la Mortaja. Le abrirá paso el Muñidor, un personaje vestido de librea tocando con ritmo cansino y monocorde una ronca campanilla que lleva en la mano. Los muñidores, antiguamente, abrían los cortejos fúnebres, y la Hermandad lo conserva para anunciar el Traslado de Cristo al Sepulcro que representa el Misterio de su paso. Sábado Santo es un día para la nostalgia. Se acaba una semana de intensas vivencias en la calle, y comienza una nueva espera de un año hasta la próxima Semana Santa. El Sábado Santo es un día lento, tranquilo, melancólico; pero en él aún podemos vivir momentos de gran belleza y emotividad. Podemos comenzar la tarde alrededor de la iglesia de Santa Catalina, para ver llegar los tres pasos de la Cofradía de la Trinidad, el primero de los cuales, el del Sagrado Decreto, es uno de los dos pasos alegóricos que quedan en la Semana Santa; junto a él, debemos sentir a Ntra. Sra. de la Esperanza. Después conviene ir con tiempo a la iglesia de San Gregorio y coger un buen sitio para ver la salida del Santo Entierro. El cortejo de esta cofradía es muy peculiar, y merece la pena verlo de cerca. En él, además de sus nazarenos, van nazarenos de todas las demás Hermandades de Semana Santa con sus respectivos estandartes; autoridades civiles y militares y representantes de distintas instituciones sevillanas. El otro paso alegórico que queda en la Semana Santa va en el Santo Entierro: Es el del Triunfo de la Cruz, conocido popularmente como “la Canina”. El paso con la urna del Cristo Yacente va seguido por una guardia de soldados romanos. Al anochecer podemos ir a la calle Bustos Tavera o a la plaza de San Marcos para encontrarnos con la sobria elegancia de la Hermandad de los Servitas. Tradicionalmente, la última Cofradía de la Semana Santa en hacer estación de penitencia era la Soledad de San Lorenzo. Por ello, para muchos, la imagen de la Virgen de la Soledad entrando en su parroquia en la medianoche es el broche de oro de la Semana Mayor sevillana. Domingo de Resurrección La Semana Santa tiene un brillante epílogo el Domingo de Resurrección con la Cofradía del Resucitado. Es muy bella la salida de la Cofradía, en la madrugada del Sábado al Domingo. Si preferimos esperar al amanecer, puede resultarnos muy emotivo ver los pasos del Señor Resucitado y de la Virgen de la Aurora saliendo de la Catedral. Son especialmente entrañables las visitas de la Cofradía a los conventos de las Hermanas de la Cruz y del Espíritu Santo. Después, la Cofradía enfila la calle San Luis camino de su templo, en un ambiente festivo y multitudinario que da cierre definitivo a la Semana Santa. Y ya solo desearos que disfruteis de esta Semana Santa allí donde os encontreís cada uno de vosotros. Un besazo;
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Santisima Madre mia, llevanos de tu mano.
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victoria
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 Viva la Virgen del Rocío
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Re: Semana Santa en Sevilla II
« Responder #4 fecha: 13.03.08 a las 19:45:49 » |
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Y mientras... huele a azahar en Sevilla, huele a incienso y humo, sabe a dulce primavera, suena a trompeta y laud, y tambor y silencio, suena a pasos arrastrados de un escalofriante penitente mientras en otro lugar se escucha un mmr.. de cuando el peso de una Soledad cae en las espaldas del costalero. sabe a lagrimas saladas, de amor, de veneración y fe, su sonido es silencioso de oración, de plegaria de promesa y agradecimiento, todo Sevilla reza. Y en cada esquina, en cada encuentro, en cada calle, sientes la Pasión, de un Cristo que sabedor de su sufrimiento ofreció al hombre lo más grande que poseía, su vida. De una madre que aun intuyendo desde hacía 33 años que su Dios se hacia hombre en sus entrañas para penar finalmente por todos, llora desconsolada la pena de su hijo, de Su Hijo que anda por las calles de Sevilla. En el sentir de los pies cansados uno piensa cuanto se puede sufrir, cuán poco es el sufrimiento que uno tiene comparado con el Gran Dolor. En el escuchar de una saeta puede sentir como se puede llorar cantando, como acompañando en cada lamento a una madre desgarrada pero entera, destrozada pero reina. Y mientras todo eso sucede, en otro lugar, no muy lejos, hombros doloridos de varales eternos acompañan a la Reina, esa de ojos verdes, que ilumina la calle cuando pasa, esa madre doliente, entera, malagueña... y sevilla huele a azahar, y málaga a olas de la mar que acompaña en el quejido a un Cautivo, a Rocio, a Esperanza, a Zamarrilla, a Paloma... a Paloma.... hermana madrileña de tierras andaluzas... a mi Paloma. Y Sevilla.. huele a azahar.
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