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Mi alma me habló y dijo: "No te alegres con el elogio y no te angusties con el reproche". Antes de que mi alma me aconsejara, yo dudaba del mérito de mi trabajo. Ahora me doy cuenta de que los árboles florecen en primavera y dan sus frutos en verano sin esperar elogio, y dejan caer sus hojas en otoño y quedan desnudos en invierno sin temor al reproche. Mi alma me habló y me hizo ver que no soy más que el pigmeo, ni menos que el gigante. Antes de que mi alma me hablara yo veía a la humanidad dividida en dos clases de hombres: Una débil, de la que me compadecía, y Una fuerte, a la que seguía o resistía desafiante. Pero ahora aprendí que soy como ambos y estoy hecho de los mismos elementos. Mi origen es su origen, mi conciencia su conciencia, mi pretensión su pretensión y mi peregrinaje su peregrinaje.
Un saludo a todos mis hermanos en la Virgen del Rocio.