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Tema: Parto rociero. (Leido 246 veces) |
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jarote
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¡¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO!!
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Parto rociero.
« fecha: 23.12.03 a las 23:05:34 » |
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Buenas noches, queridos amigos. Quisiera desearos Felices Pascuas y todo lo mejor para el próximo año de parte de Leonor y mia, correspondiendo así a vuestras felicitaciones. Leonor me ha felicitado las Fiestas con un escrito que a mí, por lo menos, me ha parecido muy tierno y muy conmovedor. Hasta he llegado a emocionarme un poquillo... Bueno, en fin, que me gustaría compartirlo con todos ustedes. Yo lo he títulado PARTO ROCIERO y dice así: Caminaba pensativa y en silencio por los pesados caminos de arena. Nadie la acompañaba en su viaje, nadie a excepción de su marido José, que la seguía a escasos metros de distancia, preocupado por Ella, por su avanzado estado de gestación, preguntándose cómo era posible que caminase con tanta soltura, como si el peso de su vientre no supusiese para Ella ningún obstáculo en su camino. Tenía un rumbo fijo, un solo destino, sólo pensaba en llegar, pero José no lo sabía, lo único que hacía era preguntarle de cuando en cuando, desconcertado: - María, ¿qué prisa tienes?; ¿quién te espera?; ¿a dónde quieres llegar?... María no quería perder ni un solo aliento en explicarle a José la llamada que había sentido en su interior, sólo quería llegar a ese lugar en el que el sol siempre tiene reservado un rayo para aquel que necesite calor y cobijo. Aquel lugar en el que la paz, la armonía y el amor, componen un mismo todo que rodea el espíritu de todo el que pone los pies en esa bendita tierra... Aquel era el lugar que quería que su hijo viese al abrir los ojos por primera vez, para que todo Él se viese lleno de Gracia. En estos pensamientos andaba María, cuando un dolor agudo recorrió todo su cuerpo. Tuvo que parar, pero sólo para coger fuerzas y apretar el paso. Ya le quedaba menos, o eso pensaba, porque la belleza de aquel paraje no era habitual, y aquellos senderos marcados de huellas y pisadas, sólo podían llevarla al único lugar dónde quería estar: su ROCIO. -Sólo unos cuantos pasos más, por favor, no salgas todavía, he echo un gran esfuerzo para llegar hasta aquí, ten paciencia corazón, un segundo más...-. María levantó la vista, la blancura de la Ermita, le cegó por completo, cerró los ojos y apretó fuerte la mano de José, que atónito, contemplaba la más bella estampa que jamás hubiese podido imaginar. María paría ante las mismas puertas de la Ermita. Ella lloraba de emoción, cuando por fin su bebé vió la luz del día. Las campanas resonaban, múscia celestial para los tres, las golondrinas abandonaban el nido de la Espadaña para saludar a los recién estrenados papás, y al hermoso Rey que acababa de nacer. El pozo rebosaba agua, que llegó hasta los pies de aquella familia para calmar su sed, y aliviar en la medida de lo posible el esfuerzo que habían realizado. José miró a María, emocionado, entre lágrimas de felicidad, no pudo más que pronunciar estas palabras: -María de las Rocinas, desde hoy ése es tu nombre, bendito sea tu Hijo, el Pastorcillo Divino, Gloria de todos los hombres; Gloria tú, bella Rocío. Espero que os haya gustado tanto como a mí. Felices y Rocieras Navidades, hermanos en la fe.
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