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Para el peregrino que verdaderamente desea llegar a sus plantas lo importante es tener claro el camino. Agradece las señales claras, aunque alguna vez indiquen un sendero un poco más estrecho y dificultoso, y huirá de los caminos que, aunque sean anchos y cómodos de andar, no conducen a ninguna parte... o llevan a un precipicio. Necesitamos amor y cariño para nosotros y para quienes están a nuestro lado. Es muy grande nuestra responsabilidad. El rociero está puesto por Nuestra Madre, la Virgen del Rocío en Su camino como antorcha que ilumina a otros en su caminar hacia Ella.
Pidamos a Nuestra Señora que nos ayude a ser luz para los que nos rodean con nuestra palabra y nuestro ejemplo, y así aumentar día a día esta gran familia